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Batalla de Boquerón - 29 de Septiembre trigésimo noveno día de Combate

Guerra del Chaco

Batalla de Boquerón - 29 de Septiembre trigésimo noveno día de Combate

 

05.30 AM - BOLIVIA
recibo parte del sector Romero indicando que vieron salir al oficial parlamentario Capitán Antonio Salinas acompañado por el suboficial Carlos de Avila a los pocos minutos, indica el parte "se escuchan voces de oficiales paraguayos: cesar el fuego y seguidamente gritos, algazara, vivas a la patria y, sin más trámite en carrera veloz e incontenible, invaden nuestras posiciones una masa de miles de soldados paraguayos, "bandera blanca", "rendición boli", gesticulaban.

No había forma de hacer comprender que se trataba de "bandera de parlamentario". La novedad corrió como reguero de pólvora encendida a lo largo de todas las líneas.
Tcnl. Manuel Marzana BOLIVIA


 

PARAGUAY
A las 6 am a nuestras líneas, frente al regimiento Ortiz, un parlamentario con un oficio que dice: “FORTIN BOQUERON 29 DE SETIEMBRE DE 1932. EL COMANDANTE DEL FORTIN AL COMANDANTE DE LAS FUERZAS PARAGUAYAS EN EL MISMO SECTOR. SEÑOR: EL OFICIAL PARLAMENTARIO PORTADOR DE LA PRESENTE NOTA, CAPITAN ANTONIO SALINAS, LLEVA LA MISION DE ENTREVISTARSE CON UD. EN REPRESENTACIÓN MÍA. DIOS GUARDE A UD. TTE. CORONEL MARZANA.


 

BOLIVIA
TODO HABÍA CONCLUIDO, ... luego la tremenda fatalidad de vernos rodeados tan de cerca por nuestros adversarios PARAGUAY de pocos minutos antes, que nos contemplaban con profundo odio, hostilidad y con aire de superioridad.

Era evidente que fuimos reducidos, pero no como alguno de sus escritores que no interpretaron el justo alcance del pueblo paraguayo, llamando "rendición" a este triste desenlace, luego del violento castigo a sus tropas durante 23 dias, cuyo saldo eran los pocos hombres que quedaban de pie

(Tcnl. Marzana BOLIVIA)


 

PARAGUAY
Con intima satisfacción comunico al Comando del I Cuerpo del Ejército PARAGUAY que nuestro Fortín Boquerón se halla de nuevo en nuestro poder, habiendo el enemigo rendídose incondicionalmente...

Hago formal constancia que el Tcnl. Marzana... y demas oficiales se rindieron a las tropas de la I division y han sido tomados por los tenientes Valdovinos e Islas quienes a solicitud del Cap. Santiviago le entregaron a los dos primeros jefes para conducirlos ante este comando.

Estoy haciendo recoger los armamentos enterrados por el enemigo BOLIVIA y organizando las posiciones defensivas para luego dar cumplimiento a la segunda faz de la Orden de Operaciones del Cuerpo de Ejército...

... Me permito felicitar a ese comando por el éxito de nuestras armas conducidas de forma brillante por ese comando.

(Fdo. My. Carlos J. Fernández PARAGUAY)

 


 

 

PARAGUAY
Se ordenó la concentración de los prisioneros en la plazoleta del fortín.


 

PARAGUAY 

Los soldados paraguayos, buscan sobrevivientes, les dan agua para aplacar su agonica sed.


 

BOLIVIA - PARAGUAY

"El comando paraguayo hace desenterrar nuestros muertos para contarlos. Colérico no admite que Marzana hubiera combatido solo con 240 hombres en los últimos días...

.. con ojos cubiertos por el sueño agobiante, veo desfilar la otrora altiva columna de mis soldados BOLIVIA rumbo al cautiverio por los tortuosos senderos del Chaco

El Cnl. Gaudioso Nuñez PARAGUAY hombre infinitamente humano y exquisito "gentleman" nos retiene en su puesto de comando. sus oficiales y soldados nos observan como a ejemplares raros. Nos ofrecen reparador mate con leche y galletas...


 

... de pronto aparece el Coronel Marzana, le conducen con los ojos vendados, le contemplamos absortos. Las gargantas se anudan. Las lágrimas inflaman los ojos resecos, imposible contener los sollozos.... lloramos.

Gaudioso Nuñez PARAGUAY ordena:

"¡Oficiales y soldados del Paraguay, saludad las lágrimas de estos valientes los guerreros también saben llorar!!..

Todos se cuadran y saludan.. ellos PARAGUAY también lloran, son los soldados que por 23 dias nos han atacado furiosamente hasta vencernos.
(My. A. Taborga BOLIVIA)

¡LA BATALLA DE BOQUERÓN HA TERMINADO!


 

Fortín Boquerón, 21 de septiembre de 1932 ¡¡¡FUEGOOO!!!

“...Cansado, agotado, con varios días de ataque; el enemigo diezmado está siendo relevado con tropas recientes, llegadas al frente de combate. Estas muestran la algarabía de quienes no conocen lo que es una guerra. Pronto ya sentirán el silbido de un disparo y la carcajada de nuestras ametralladoras. El ruido de los camiones se siente en todo el frente que se encuentra al Noreste, Este y Sudeste. Se nota, asimismo, que tienen carros aguateros, de rancho y carros que proveen municiones hasta el mismo frente de batalla. ¡Qué diferente a nuestra situación. Ya van trece días de constante lucha, sin víveres, sin agua; ahora, sin municiones. No se puede concebir cómo se sostienen todavía nuestros soldados.. .!“
Disparos aislados son dirigidos a nuestro fortín. Nadie contesta.

Nuevamente los disparos menudean en todo el frente. Pero las tropas bolivianas del reducto de Boquerón, no hacen caso porque saben que aquellos disparos son para darles a conocer a los bisoños la dirección de nuestras posiciones. La respuesta es siempre el silencio; ni un disparo. Esto sí que es disciplina de verdaderos soldados que se ven en el trance peligroso donde se juega el hilo de sus vidas. Ahora son ráfagas de ametralladoras que nos invitan a que se las conteste... Pero Boquerón permanece silencioso. Sólo allí, en Yucra, se escucha el tableteo de las ametralladoras. Para los paraguayos, el reducto se ha convertido en un cementerio; por su silencio, nada da a comprender que haya defensores.
Seguramente intrigadas las tropas paraguayas por lo que pudo pasar, se preparan a ejecutar un ataque haciendo pequeños saltos. Estas componen más o menos una compañía. El mayor Ocampo, por cuyo sector se presenta esta tropa enemiga, sigue silenciosa. Los soldados del reducto ven cómo los paraguayos se van aproximando. Cada uno empuña su fusil y la mirada es como la del gato que acecha a un pobre ratón. Ahora los bolivianos hacen las veces del felino y allí en el pajonal están los ratones. Nada turba la mirada vigilante de los defensores de Boquerón. Ni rabia, ni odio... indiferencia, sí... Esta es la palabra. Indiferencia absoluta. No hay peligro que les arredre, están acostumbrados a codearse con la Muerte.

Los paraguayos han progresado en su avance. Disparan sus armas como si vieran a nuestros soldados. Mas los nuestros son el silencio de la muerte... El enemigo observa que no hay contestación y se hacen más optimistas. Los cadáveres diseminados allí en la pampa por donde pasan, les da a entender que están en la zona de peligro; pero este no se hace notar, no se presenta, ni da a conocerse. Tan sólo ven aquellos cadáveres de sus compañeros, en estado de descomposición, muchos devorados por los buitres, y otros destrozados por las dentelladas de los zorros. Al pasar ante
estos despojos, se estremecen seguramente, ya que las miradas se dirigen hacia ellos en forma disimulada.

El avance es muy lento; pero vislumbran ya las formas oscuras de las trincheras, puesto que los primeros, los adelantados, permanecen tendidos dentro del pajonal, mientras los rezagados van colocándose a la misma altura. Están a ciento cincuenta metros. Es decir, en la zona de mayor peligro; porque está tan bien medida y calculada, que cada soldado tiene su
sector para batirlo en caso de ataque. Se escucha una orden en voz baja:
—¡Apunten...! ¡Listos...!

Las tropas paraguayas siguen observando la inmovilidad del monte. Están desconcertadas. No saben si permanecer o es que debían seguir avanzando. De improviso, la voz del jefe de sector se escucha sonora:
—¡¡¡FUEGOOO!!!
Al mismo tiempo, una descarga cerrada de la fusilería de cuarenta bocas de fuego rasgó el silencio, lanzando sobre los atacantes incautos y bisoños, una lluvia de plomo y fuego. Esto es un “bautismo en estado de muerte”. Cuarenta cuerpos yacen inmóviles en el campo. Mientras los restantes, fueron cayendo uno a uno.

Quince minutos de duración. Mil cartuchos de guerra disparados. Heridos que gritan por causa de los impactos. Cientos de cadáveres en el pajonal. Entre los nuestros, dos heridos... ¿Verdad que el saldo es halagador...? ¡Aritmética guerrera…

¡Aritmética de sangre y desolación...! Caras risueñas, caras que sonríen ante el artífice de la guerra... ¡Estrategia! Ciencia militar que enseña el arte de asesinar con delectación insana de bárbaros...! Ciencia que enseña la habilidad para desplegar y mover el carro de la guerra sobre el campo enemigo...!

Y Boquerón hoy ha estado magnífico porque enseñó lo que es un “bautismo de guerra en estado de muerte”... ¿Qué es lo que induce a las huestes de Boquerón hacia la estrategia peligrosa que emplean? Es la carencia de dotación. Nos falta munición. Ya no la tenemos. Pero, ahora, o mejor dicho, esta noche tendremos lo suficiente para resistir uno o varios empellones más de los paraguayos. Esta noche todos saldrán hasta donde se encuentran los cadáveres y ellos les suministrarán lo que estaba destinado para matar a los defensores. Tendremos agua, galletas. Allí está nuestra salvación; tendremos banquete en nuestro reducto. Estaremos bien proveídos por nuestros queridos “pilitas” que esperan allí en el pajonal, boca arriba. Seguramente habrá heridos; pero no los podemos recoger. En el bosque hay cientos de bocas de fuego que nos observan y vigilan nuestro más pequeño movimiento. Al fin, morirán desangrados o se arrastrarán hasta poder llegar a sus posiciones...

Son las doce del día; el sol se ha elevado casi perpendicularmente sobre el fortín. Los rayos solares semejan agujas candentes que caen sobre las espaldas desnudas de los defensores del reducto. Tal es el calor, que la transpiración aumentará nuestra debilidad.

Los soldados se quitan las camisas, las cuelgan en las ramas de los árboles y empiezan a examinar su “contenido”. Ha progresado el “ganado”. Cientos de piojos se hallan en el campo liso de la camisa o en sus pliegues, ¡hay que matar a éstos!, y la prensa dura de los pulgares empieza a funcionar. Uno, dos, diez, veinte; los demás se libran por ser los más
pequeños y más numerosos. No hay tiempo que perder en ellos; ya les llegará el turno cuando crezcan o cuando molesten demasiado. ¡Uff, y qué calor...! 48 grados bajo sombra... Poco falta para asarse! Digo ¿asarse...? Si ya no hay en nuestro cuerpo algo blando que pueda servir de asado. Talvez la capa de mugre que tenemos encima; pero ésta no tiene un poco de grasa. Triste destino de los defensores de Boquerón.

Hoy es 21 de Septiembre y ¡oh! me olvidaba; para hoy estaba fijada en la ciudad de La Paz un gran baile de gala, donde bellísimas muchachas de todos los Departamentos, tendrán que mostrar al público sus esculturales cuerpos y en medio de ellas, se moverá su majestad la reina de belleza, la más afortunada económicamente, la que regalará sonrisas a montones
y... no sé que otras cosas, que yo no quiero citar... No importa que ella sea una... en fin. ¡Pobre Bolivia!, disimula Patria mía tus desgracias, con la ficción de la algazara... ¡No es posible dar a conocer nuestras miserias.

Hay que ocultarlas! Las causadas por la guerra debemos cubrirlas, para que el enemigo no se alegre de nuestras aflicciones... Pero, veamos algunos despachos enviados desde la zona de operaciones. Ellos dicen:
“Telefonema de la Cuarta División.- Arce.- 21-IX-32.- C1CE Muñoz.- Horas 15.- Para su conocimiento transcribo el siguiente
parte recibido en quechua del puesto Comando Destacamento Peñaranda.- Yucra 21-IX-32.- Horas 14.33. Cuarta Div. Arce.-
La fracción del coronel Montalvo que salió de Boquerón informa que en dicho fortín tienen víveres para hoy y mañana más; que ayer se vieron obligados a matar un mulo para comer. Difícil es sacar agua del pozo que se halla bajo el fuego enemigo.

Fdo. Peñaranda.— Mayores detalles sobre tropas que han logrado salir, aún no se sabe. Los primeros que han salido, dicen que han tenido que entablar tenaz lucha para poder abrirse paso. Fdo.- Coronel Peña”.

Mientras en el Chaco ronda la Muerte; allí en La Paz, la vida lujuriante...!
En este mismo día, uno de los coroneles de la guarnición del Chaco enviaba un parte que en párrafo más saliente decía: “El día 21 dan cuenta de que en Boquerón se ha derribado el último mulo para proveer de carne a la tropa y que el pozo de agua se hallaba controlado por el fuego de las ametralladoras pesadas y el de los morteros. . .“ Otro decía: “Que Boquerón
no podía sostenerse dos días más” y en un acápite ya se va anunciando una posible caída del Fortín Boquerón. Al estudiar la forma y condiciones en que quedaría Yucra si Boquerón cayese, y la crítica situación de los soldados mellados en su moral combativa, pues se les dijo que vendrían refuerzos, tropas de relevo. Y estos nunca llegaron.

En Yucra se ha desarrollado hoy otro ataque contra los paraguayos que tienen sus trincheras alrededor del pajonal que impide la entrada a Boquerón. Fuertes puestos de ametralladoras, líneas de tiradores con livianas se han apostado frente a Yucra. Cualquier intento de nuestros compatriotas de querer romper la línea es rechazada con grandes pérdidas para nuestros comandos, y hasta la fecha los famosos refuerzos se han hecho humo en el trayecto. Se dice que hay tropas escalonadas en Entre Ríos, Tarija, Villa Montes, Villazón, Tupiza, Uyuni,.. en el cielo…

Pero éstas no se mueven, están paralizadas... ¿Por falta de qué? ¿Movilidad? ¿Falta de oficialidad? ¿Falta de puestos de abastecimiento? ¿Qué es lo que ha inmovilizado a nuestras tropas que venían al Chaco?
La indecisión en la conducción de la guerra. Todos creían que el Paraguay, ante los primeros reveses, iba a capitular, a ceder en las exigencias de los ya famosos diplomáticos bolivianos. No se dieron cuenta de que el Paraguay tenía la máquina de guerra lista para lanzarla en el Sudeste para el que tanto había pedido Salamanca “pisar fuerte en el Chaco”. Y ahora?...
¿Se ha conseguido? Al pretender pisar fuerte en Boquerón, trastabilla el otro pie en Yucra, resbalará en Arce y caerá en Saavedra, en Tinfunqué y Nanawa; perecerá en este último. Pero... “Pisaremos fuerte en el Chaco” había dicho Salamanca...

Para ese “pisar” ¿existen caminos? ¿Puestos de abastecimientos? ¿Siquiera drogas, munición o víveres en Boquerón, donde primero se ha querido pisar fuerte? ¡Qué contraste más grande se nota en el comportamiento de los gobernantes paraguayos. Ellos traen desde la Argentina hombres especializados para abrir 170 pozos de agua. Cañería, en suficiente cantidad y, por qué no decirlo, por demás para el entubamiento de pozos artesianos. Camiones aguateros, carros de
sanidad, víveres por toneladas, depositados en forma escalonada desde Asunción hasta la misma línea de fuego, con su respectivo personal que se mueve como una máquina sincronizada. No hay problemas en el frente paraguayo; sus jefes y oficiales no tienen el incentivo del sueldo ni de ninguna clase de paga. Ellos prestan servicio a su patria y este es suficiente motivo para que todos se encuentren aglutinados al fervor cívico que debería caracterizarse en estas circunstancias.

Y aquí, en nuestra Patria, todos pelean. No hay tal fervor cívico. Grandes cantidades de soldados descansando entre la molicie de los pueblitos del trayecto y del cual, nos traerán otro enemigo más a nuestra resistencia en este Infierno Verde: la blenorragia. Factor que se debe exclusivamente a la imprevisión de nuestras autoridades sanitarias en campaña. ¡Qué triste
es decir esto! Y todo, todo lo acaecido, es debido a esa falta de preparación para la guerra a la cual nos hemos visto arrastrados por una mentalidad ficticia en sabiduría... Salamanca y sus ministros fueron engañados o ellos fueron los verdaderos culpables.

Ya es tiempo de que volvamos a aquel reducto donde el soldado boliviano pone a prueba su espíritu combativo lleno de sacrificio y de valor. Boquerón y Yucra son los jalones de las glorias de un pueblo humilde, donde ofrenda sus caros anhelos en aras de su patria; mientras otros malos hijos, perversos, hacen escarnio de sus propios hermanos. Ya pronto la Historia
examinará las responsabilidades. Tú, Boquerón, próximo estás a tu fin. ¡Caerás...! Pero, como lo hacen los valientes. Nadie dirá de ti que tus soldados hicieron traición a la expectativa de los pueblos bolivianos. Cumpliste con tu deber hasta el sacrificio. Nadie te señalará a ti y a tus defensores con el signo de la ignominia. Nadie... Y si así lo hicieran, sería la injusticia de lesa humanidad. Boquerón, tu fin se acerca... Has mostrado a los pueblos lo que puede un soldado boliviano, cuando está imbuido del sacro deber que la Patria le ha señalado. ¡Y qué distinto hubiese sido si la comodidad y las ventajas hubiesen estado contigo! Boquerón: crisol de heroísmo y de amor a la Patria, sigue defendiendo el honor de tu bandera; aún contra todas las adversidades del Destino. ¡Sigue Boquerón, labrando la aureola que tú mismo ya te has impuesto o ya has ganado en el corazón de todos los bolivianos, y... si sucumbes, sea con la gloria de los grandes hechos.

Fuente: Boquerón: diario de campaña. De: Alberto Taborga T.
(Foto ref.)


 

General Manuel Marzana Oroza

General de Brigada MANUEL MARZANA OROZA, nació en Tarabuco. Cap. De la secc. De la provincia Yamparaez del Departamento de Chuquisaca, en fecha, 7 de Junio del año 1889.

Hijo legítimo de Don, Simón Marzana y Doña Marcelina Oroza. Curso estudios primario y medio en el Liceo “Córdoba” de la ciudad de Sucre, Cuyo director fue el Canónigo Primo Arrieta.

CARRERA MILITAR.- Ingresó al Colegio Militar de Ejército el año 1907, habiendo egresado con el grado de Sub-Teniente, el 16 de de Octubre del Año 1911, fue destinado al Regimiento “Campero” 3o, de Infantería, el 21 de Diciembre de 1911. En fecha 5 de Enero de 1912 fue incorporado al batallón “Montes” 3o de Línea de Guarnición en el N.O. de de la República con servicios en diferentes fortines, hasta el 31 de Diciembre de 1914.

Fue ascendido al grado de Teniente efectivo el 28 de Diciembre del mismo año, y destinado al Regimiento “Loa” 4o de Infantería, en fecha 1o de Enero de 1915, permaneciendo en esta unidad hasta el 22 de Octubre de 1917, fecha que cambió de destino al Regimiento “Murillo” 1o de Infantería, de Guarnición en Sucre.

Fue ascendido al grado de Capitán el 19 de Agosto de 1918 y cambiado de destino en Diciembre de 1918. El 1 de Enero de 1914 al Regimiento “Colorados de Bolivia” 1o de Infantería, permaneciendo allí hasta el 31 de Mayo de 1920.- El 15 de Junio al Regimiento “Loa” 4o de Infantería y adscrito al cuerpo de Edecanes, hasta el 16 de Julio de 1920, fecha en que fue destinado al Regimiento “Murillo” 6o de Infantería, Escuela de clases, hasta Diciembre de 1921. Enero de 1921 destinado al Regimiento “Pérez” 3o de infantería, hasta Diciembre de 1922, mes que fue ascendido al grado de Mayor y destinado al Regimiento “Loa” 4o de Infantería, hasta Febrero de 1924. En Marzo del mismo año, a la comandancia de la 1a División hasta Julio y luego la comandancia de la 2da División hasta Diciembre del mismo año, fecha en que fue promovido al Consejo Supremo de Guerra hasta el 2 de Agosto de 1925, en fecha 3 de agosto de 1925, fue destinado al Regimiento “Sucre”, 2 de Infantería hasta Junio de 1926. Por orden General No. 171, nuevamente fue destinado secretario del Consejo Supremo de Guerra, cargo que ejerció durante los años 1927 y 1928.

En Fecha 5 de Enero de 1929, fue ascendido al grado Teniente Coronel y destinado al Regimiento “Rioshino” 1o de Infantería de Guarnición en Riberalta hasta Nov. De 1929. En fecha de 5 Enero de 1930, fue destinado al tribunal de Justicia Militar, hasta Junio del mismo año, en que fue adscrito al comando de la segunda División hasta el 25 de Agosto de 1930, en que fue promovido nuevamente al Tribunal de Justicia Militar hasta Julio de 1931. El 2 Julio de 1931 destinado a la Intendencia General de Guerra, como sub intendente hasta el 4 de enero de 1932. De Marzo a Septiembre de 1932, como comandante del Regimiento “Campos” 6o de Infantería.

Iniciada la Guerra del Chaco se formo el “Destacamento Marzana” que con un efectivo de 619 hombres contrarrestó en Boquerón el ataque enemigo que con 15000 hombres asedió el reducto durante 25 días fue una resistencia heroica hasta el 29 de Septiembre de 1932 fecha la que fue hecho prisionero del Ejercito paraguayo y conducido a la capital paraguaya, hasta el 30 de abril de 1936, en que fue repatriado, luego firmada la paz.

El mismo año de 1936 por decisión del Gobierno, fue designado al cargo de Prefecto del Departamento de Chuquisaca. En fecha 10 de Noviembre de 1937 fue destinado vocal del tribunal de Justicia Militar y en fecha 22 de Diciembre del mismo año fue ascendido al Grado de Coronel.

Ascenso Honorífico, en fecha 15 de Diciembre de 1962, el Honorable Senado Nacional en sesión extraordinaria, le concedió el grado de General de Brigada, por unánime aclamación con derecho al uso del uniforme militar en forma permanente.

Pensión Vitalicia, Mediante ley del 10 de Enero de 1962, se le otorgó una pensión vitalicia equivalente al haber mensual de un Honorable Diputado.

Fallecimiento, luego de prologada enfermedad falleció a la edad de 90 años en fecha 4 de Enero de 1980.

La guerra del Chaco fue uno de los episodios bélicos y frustrantes que tuvo que atravesar Bolivia tras el intento de construir una Nación. Territorialmente hablando Paraguay ganó la batalla de Boquerón, pero en lo moral la perdió.

Bibliografía.
s/a. (1991) La Gran Batalla. Memoria del General Marzana. CIMA. La Paz.

Por: Larry Valencia
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ENTREVISTA A LA NIETA DE MANUEL MARZANA OROZA. RECUERDA SU VIDA JUNTO AL CONSIDERADO MÁXIMO HÉROE DE LA GUERRA DEL CHACO

Por: Rafael Sagárnaga López/EPeN / Los Tiempos de Cochabamba 29 de Agosto de 2016.

Teresa Aliaga Marzana es el único familiar en primer grado que vive en Bolivia del comandante de la defensa del mítico fortín Boquerón. La nieta de Manuel Marzana Oroza recuerda su vida junto al considerado máximo héroe de la Guerra del Chaco. Lo hace a días de que el país rememore nuevamente la epopeya de 1932.

Este mes de septiembre se recordarán 84 años de aquellas tres semanas de confrontación sostenida. La sobrehumana resistencia que un puñado de 619 bolivianos protagonizó contra un enemigo hasta 24 veces superior (15 mil hombres) despertó una admiración unánime. Incluso, varios de los jefes militares paraguayos y literatos de la altura de Augusto Roa Bastos les dedicaron conmovedores textos. El sitio a Boquerón es considerado uno de los 10 más importantes de la historia militar del planeta. Ha sido parangonado con las historias escritas en Termópilas (Grecia, septiembre del 480 A.C), Masada (Israel, 73 D.C) y el Álamo (Texas-México, febrero-marzo de 1836).

Aquella gesta, más allá del polémico sentido de la guerra, ha simbolizado la decisión de luchar por los ideales hasta el último aliento. También recuerda el aporte de aquellos defensores a la salvación de los recursos hidrocarburíferos que hoy benefician al país. Y, sin duda, enseña una de las más grandes lecciones sobre el cumplimiento del deber.

Teresa Aliaga recuerda en esta entrevista cómo aquella experiencia quedó grabada en la vida cotidiana de su abuelo, el general Manuel Marzana Oroza.

 

OH!: ¿Cuánto tiempo de su vida compartió con el general Marzana?

Yo prácticamente viví con él desde muy niña porque mi mamá quedó viuda. Entonces mi abuelo, el general Marzana, con el gran corazón que tenía, nos cobijó en su casa. Mi hermano Luis y yo vivimos, se diría, toda nuestra vida a su lado.

 

OH!: Entonces seguramente usted presenció reuniones en las que su abuelo departía con los camaradas que combatieron en Boquerón.

Así es. Él frecuentemente se reunía con sus ayudantes de campo, como el mayor Alberto Taborga o don César Novoa Cadena, y también con sus soldados. Él quería, apreciaba mucho a sus soldados y siempre reclamó para que los Gobiernos les brinden mejores condiciones vida.

 

OH!: ¿Es cierto que en una oportunidad rechazó la oferta de condecoraciones en reclamo por la pobreza que afectaba a los ex combatientes de Boquerón?

Sí, él les dijo: “¿De qué me sirve estar yo con condecoraciones, si mis soldados caminan las calles empobrecidos y abandonados?”. Antes que medallas quería un justo trato para sus soldados. Sus reclamos, afortunadamente, lograron, con el paso de los años, ser de alguna manera escuchados. Les brindaron algunas mejoras, pero no las que merecían.

 

OH!: ¿Qué es lo que más recuerda de las reuniones de los combatientes de Boquerón?

Se reunían especialmente cada septiembre, para recordar los días del cerco. Hacían una misa de campaña en la Catedral y luego iban a su sede en la calle Catacora de La Paz. Allí cantaban la célebre y hermosa canción que se les ha dedicado. Luego rememoraban las anécdotas tristes e incluso algunas graciosas de la batalla.

 

OH!: ¿Puede contarnos alguna de esas anécdotas que le haya quedado especialmente grabada?

Ellos recordaban que cuando ya se les había acabado el agua procedieron a la práctica de beber sus orines. Señalaban que el pozo de agua del que se abastecía el fortín ya no era posible usar porque se hallaba contaminado por los cadáveres que flotaban allí. También contaban cómo, cuando se les acabaron los alimentos, optaron por hacer coser los cascos de los caballos y bebían esa sopa.

 

OH!: Probablemente su abuelo experimentaba algunos momentos de profunda emoción al recordar lo sufrido en el cerco. ¿Cómo reaccionaba él?

Recordaba él esos momentos con mucho dolor porque él decía “nos dejaron solos”. Señalaba: “Si hubiéramos tenido ayuda, colaboración, nos entrábamos hasta Asunción”. Valoraba así el hecho de que 619 bolivianos hubiesen frenado las acometidas de más de 15.000 enemigos durante más de tres semanas.

También mi abuelo se acordaba de la sorpresa que demostraron los paraguayos al ver que en Boquerón sólo había un puñado de hombres. No salían de su asombro mientras advertían que esos contados defensores habían diezmado a cientos y cientos de atacantes, entre ellos, lo más granado de la Escuela Militar de Asunción.

Algo también muy conmovedor que mi abuelo contaba es la llegada a la capital paraguaya como prisioneros. La gente los veía emocionada porque eran “cadáveres” andando. Y mi abuelo relataba que un muchachito se desprendió de las manos de su madre y entonces gritó: “¡Viva Marzana!”. Recordaba que entonces toda la gente se conmovió y se les acercó y empezó a regalarles dinero, cigarrillos, comida…a abrazarlos llorando. Eso contaba mi abuelo muy emocionado, remarcando que lucharon hasta quemar el último cartucho.

 

OH!: ¿Qué recordaba del cautiverio?

Él y sus oficiales recordaban también las visitas que les hicieron el general Félix Estigarribia y los máximos comandantes del Ejército Paraguayo en prisión. Se acercaban a conversar con ellos y a expresarles su reconocimiento.

 

OH!: ¿Cómo fue el recibimiento cuando ellos volvieron a Bolivia?

El recibimiento fue apoteósico cuando volvieron después del cautiverio y su recuperación en la Argentina. Incluso, según él contaba, con algo de envidia. Ello porque el retorno, que empezó por Tarija y luego a Tupiza vía tren, fue programado para que pase de noche por las poblaciones importantes para que no les hagan recibimientos. Sin embargo, la gente se dio modos para esperarlos, iba a dormir a las estaciones. Les hicieron homenajes.

Incluso en La Paz llevaron en andas a mi abuelo y pidieron que él sea Presidente de Bolivia. Él recordaba que rechazó el pedido, señalando que sólo cumplió su deber. Decía que su negativa despertó silbatinas. Luego se dedicó a la docencia en el Colegio Militar.

 

OH!: ¿Qué enseñaba allí?

Durante los años de su cautiverio en Asunción se dedicó a aprender inglés. Entonces, acá daba clases de inglés a los cadetes. Ellos lo querían mucho, varios militares recordaban cómo entre clase y clase mi abuelo les hablaba de la guerra.

 

OH!: ¿A qué otras actividades se dedicó en las décadas del 50 y posteriores?

El se dedicó a mejorar una finca de su segunda esposa, doña Raquel Alba Sosa. Estaba cerca del lago Titicaca, a más o menos una hora de Copacabana, se llamaba Ch´isi. Allí se dedicó a la agricultura y ayudó mucho a los campesinos. Les puso una escuela, una posta sanitaria, incluso él en persona les vacunaba a los niños. Hizo producir mucha verdura, construyó el camino de acceso a la zona. También habilitó un criadero de truchas. Incluso estaba desarrollando un proyecto para producir enlatados de truchas con un consorcio japonés. Recuerdo que tenía su lancha a la que llamó “Olguita” en homenaje a una de sus hijas. Pero luego llegó la Reforma Agraria y le destruyó todo.

Él nos contó que el doctor Hernán Siles, tiempo antes de la Revolución Nacional, cuando huyó de su confinamiento en la isla de Coati, se refugió en la hacienda de mi abuelo. Entonces, en agradecimiento, Siles le había dicho que, cuando se decretase la Reforma Agraria, a mi abuelo no le tocarían sus propiedades. Sin embargo, apenas hubo la reforma, vinieron comandos de milicianos y destruyeron todo a dinamitazos, mi abuelo huyó en caballo hacia Copacabana.

 

OH!: ¿Sufrió a manos de los políticos?

Sí, incluso lo encarcelaron en el panóptico de San Pedro. Ha debido ser más o menos en el año 60. Recuerdo que mucha gente se indignó. Él no aceptó nunca las constantes invitaciones que políticos de toda tendencia le hacía para que los apoye. Sin embargo, en una de esas olas de represión lo llevaron a San Pedro. Recuerdo la preocupación de mi mamá y la familia porque no dejaron que ni siquiera saliese a curarse unas muelas que se le habían infectado. El dentista tuvo que ir a la cárcel a tratarlo. Y lo que más llega a mi memoria fue una noche muy cercana a la Navidad cuando apareció de sorpresa en casa gracias a una amnistía. Nos emocionamos muchísimo.

Tiempo después, el mismo doctor Paz Estenssoro, al parecer quiso borrar con el codo lo que hicieron antes. Entonces le concedió una pensión vitalicia, le hicieron un homenaje en el Congreso y le ascendieron al grado de general de fuerza.

 

OH!: ¿Qué pasó luego?

El siguió con su vida sencilla y fue siempre reacio a alinearse con los políticos que seguían insistiendo. Recuerdo que el general René Barrientos lo apreciaba mucho. Siempre lo visitaba o lo llamaba. Incluso le ofreció varias veces regalarle una casa o un automóvil. Mi abuelo nunca aceptó.

 

OH!: ¿Cuándo y en qué circunstancias murió su abuelo?

Murió el 4 de enero de 1980 a la edad de 90 años. Tuvo una dolencia prolongada, y problemas de la edad también, que lo postraron en cama durante sus últimos 6 a 8 meses. Estuvo siempre rodeado de la familia. Dos años antes le hicieron homenajes durante el Gobierno del general David Padilla. En 1980 la Presidenta Lidia Gueiler le otorgó el Cóndor de los Andes y otras condecoraciones. Las recibió en casa. Y en cada ocasión él les repetía que más que condecoraciones quería que los gobernantes no se olviden de aquellos soldados que habían combatido en la guerra. Decía: “¿Qué saco yo con las medallas y las condecoraciones si mis soldados están botando trapos en las calles?”.

Foto: Manuel Marzana. / Masamaclay

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